Hubo una vez, hace ya algunos años, una mujer en mi vida; una mujer de esas que cuando llegas a amar, que cuando la llegas a querer; das y haces todo en la vida por ella, le das tu tiempo, tu atención, tu vida misma, lo mejor de ti. Cuando le abres tu corazón, solo ella, y nadie más en el mudo tiene el poder de hacerte un gran señor o el más miserable de los mendigos. Su veredicto es implacable, su decisión tajante e irrevocable. Hubo una vez en mi vida una mujer así, que la llegue amar como nunca antes habia amado a otra igual, una mujer en la que concebi y deposite sueños y esperanzas. Esperanzas vanas, ilusiones huecas de un mundo efímero; como efímeras las horas que se convirtieron en dias, que se convirtieron en meses y estos en poco mas de un par de años. ¿Fui un gran señor con vestidos harapientos o un mendigo con porte?, no lo se; pero los pocos meses vividos en aquellos dias recorrí el mejor de los caminos.
El pago por el nectar bebido y por el calor de su cuerpo fue muy alto, yo obtuve besos, caricias y el goze de su cuerpo; pero ella se quedo con mi mente. Ya no la amo, ya no la quiero como antaño, otra mujer ocupa su lugar dentro del corazon, un clavo saca a otro clavo, dicen; pero siempre la recuerdo, siempre me acuerdo de ella y ese recuerdo a veces cala y si... a veces duele, aun duele, como duele una herida no bien curada, despues de muchos años.
Hoy volví a escuchar la canción, que ella hizo nuestra canción y no me causo más que un recuerdo, pero dejo de ser nuestra hace tiempo, si acaso sera solo de ella, y no tiene caso ponerla en el blog para seguir con la tortura; el tiempo lo cura todo, es lo que se; es lo que me enseñaron, pero nunca me dijeron que tardaba tanto... -je, el tiempo se toma su tiempo.-
Ahora esta canción es la mia, para recordar aquellos dias; esta canción define justo lo que siento y lo que quisiera decirle en estos momentos, si la viera... el tiempo de las cerezas... de quien mas sino de Enrique Ortiz de Landázuri alias Bunbury. Justo al callo maestro.



